NACER Y MORIR

Es evidente que reaccionamos con cierta reserva cuando se explica que la existencia de los seres vivos (animales y vegetales) se cumple entre un período, que podía ser breve o prolongado según la circunstancia, que transcurre entre nacimiento y la muerte. Es imposible escapar de este proceso natural, así se encuentre algún medio para prolongarlo, el final será inexorable, somos parte del reino animal.

Por fortuna vivo en una zona donde todas las mañanas, ante la salida del Sol, me despierto con la algarabía de hermosas guacharacas y  guacamayas que permanecen en esta zona durante parte de la noche ya que llegan, con la ocaso del astro, desde Guaraira Repano, la montaña donde buscan su alimento. Cuando los colores naranjas de las nubes comienzan a teñir el firmamento hacia lo zona este de Caracas, el ciclo vuelve a repetirse y nuevamente parten las voladoras hacia su destino. Es sorprendente y agradable mirar estas bandadas de aves maravillosas que sobrevuelan su derrotero en pareja, la cual la mantiene durante toda la vida. Tengo muchos años viviendo en esta zona y tal comportamiento no ha cambiado y de seguro que es el mismo que cumplió hace cientos de siglos. Esto ha permitido que tales especies hayan perdurado en el espacio y en el tiempo, en parte, esto se debe al instinto que los conduce a la preservación de la especie. Esto lo refiero a manera de ejemplo, de manera similar ocurre con la abejas, los murciélagos, los cuadrúpedos carnívoros y todos las especies del reino animal.  Estas  han preservado su estadía en el planeta porque mantienen el estilo de vida de hace miles de años.

El único animal que se escapa de ese comportamiento son los humanos. Son esto los que siempre están innovando y se resisten, hasta se avergüenzan, a repetir lo que sus ancestro hicieron para llegar a lo que hoy conforma este nueva especie, es decir el homo sapiens. Ciertamente, el ciclo entre la vida y la muerte de ese nuevo ente, en un principio se alargó debido a ciertas circunstancias favorables, como fue la erradicación de algunas enfermedades, la mejora de las condiciones higiénicas de las grandes metrópolis, la producción en masa de ciertos alimentos, el descubrimiento de nuevos medicamentos, los recientes inventos tecnológicos, entre tantas novedades. Todo esto permitió que los seres humanos tuvieran una mayor esperanza de vida, es decir alcanzar una avanzada edad, un límite que va más allá de los 40, ó 50 que era lo usual en siglos pasados. Actualmente es frecuente conseguir personas con 70, 80, 90 hasta 100 años. No cabe duda que el ser humano aumentó la esperanza de vida de la mano del conocimiento científico y tecnológico adquirido durante siglos sin descaso

Existe una teoría que establece que los humanos podrían vivir hasta 130 años, aunque las opciones de alcanzar tan avanzada edad son ínfimas, según un nuevo estudio publicado  por la revista Royal Society Open Science (29-09-2021). Sin embargo, este proceso evolutivo que lleva de ciento cincuenta mil años se está siendo interrumpido por un sinnúmero de circunstancia que apunta a la desaparición de los humanos. Ya el problema no es la de aumentar la esperanza de vida sino la de salvar la especie humana que ella misma se encarga de destruir.    

El tiempo entre morir y nacer cada vez se está acortando debido a numerosos eventos que escapan de la naturaleza y son propiciados únicamente por los humanos. Las catástrofes y las amenazas ambientales causadas o agravadas por la humanidad crecen en frecuencia e intensidad. Estamos muy preocupados por las pandemias y por el cambio climático, pero no hace tanto que las toneladas de  plásticos son vertidos al mar o los miles de terremotos o tormentas que generamos anualmente ocupan las portadas de los periódicos. Los humanos presumimos a menudo de nuestros supuestos logros evolutivos, incluso, a la hora de etiquetar nuestra propia especie con utilizamos adjetivos estrambóticos, como “inteligente”, “superior” o “sabia”. Sin embargo, olvidamos que los criterios de la evolución biológica no son precisamente los mismos que los de nuestras sociedades.

La especie humana está en peligro de extinción no solo por los desmanes causados por la moderna tecnología contra el medio ambiente. A esto hay que agregarle la mala alimentación de los niños, jóvenes y adultos como consecuencia de la industrialización, de la producción en masa  de comestibles que coadyuva al consumo de alimentos de bajo nivel nutricional. La mayoría de las personas ingieren productos nocivos para la salud con abundante azúcar, productos con harinas endulzadas,  grasas trans, con preservativos químicos, con colorantes; ingesta de gaseosas, alcohol, drogas, entre tantos comestibles que le organismo no puede procesar en el tracto digestivo. Y esto tiene una razón, lo humanos evolucionaron ingiriendo productos naturales provenientes de los extraídos del subsuelo, de los animales de cazas y pesca, de las frutas y vegetales. En ninguna época de la historia antigua el humano consumió productos procesados y por lo tanto, el organismo no creó enzimas, ni hormonas ni ningún tipo de fluidos para digerir este tipo de comistrajo. Es decir, las proteínas, los lípidos, los carbohidratos, los minerales, los iones, es decir los nutrientes, solo provenían de la naturaleza. De esto se concluye que las nuevas ascendencias están acortando el tiempo entre nacer y morir, dado que el consumo de tantos productos nocivos para el organismo genera todo tipo de enfermedades que redundarán en acortar el tiempo de vida.

La destrucción del medio ambiente y el cambio de los patrones alimenticios por unos comestibles nocivos que los humanos consumen  contribuyen a cercenar el tiempo entre nacer y morir. Como resultado de tales prácticas perniciosas es posible que seamos una de las últimas generaciones de Homo Sapiens. Con el avance de la tecnología y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), a los humanos solo les queda dos opciones posibles para nuestro futuro: morir o evolucionar. A todo lo anterior debo agregar que la tecnología está inundando los hogares  de artilugios emisores de ondas electromagnéticas que afectan el cerebro. Aparatos como el celular inteligente, el computador, el televisor, el laptop, los juegos de videos, el horno microondas entre tantos artefactos, actualmente forman parte de la cotidianidad de los niños, jóvenes y adultos quienes permanecen hasta más de ocho horas diarias recibiendo radiaciones que de alguna manera afectan la salud. Además de lo anterior, los niños y jóvenes pasan una gran parte del día frente a unos de estos artefactos lo cual les impide el uso de los medios naturales de locomoción (las piernas), lo cual impide el desarrollo integral del cuerpo humano. Es asombroso que muchas personas sean renuentes a caminar y por eso utilizan ascensores, escaleras mecánicas, vehículos automotores que convierte a los humanos en seres sedentarios, contrariamente a lo pautado por la evolución de las especies.

Los humanos cada vez se están atrofiando dado el poco uso que se la da a los medios de locomoción naturales, es decir las piernas, además con el surgimiento de la tecnología digital han cambiado el biorritmo y permanecen frente a la tableta o el celular durante las horas nocturnas. El humano evolucionó aprovechando la luz solar teniendo presente que descanso nocturno es un mecanismo reparador, las horas de la noche no son para trabajar ni divertirse. Son más sabias las guacharacas y las guacamayas que me han acompañado durante parte de mi vida, estas hermosas aves han respetado el mensaje de los instintos y por eso les auguro su permanencia en el planeta, si a acaso los humanos no lo destruyen, solo por las aciagas ambiciones de algunos.

No son suposiciones del autor del artículo sobre la destrucción de la especie humana, estos se la pasan inventando mecanismo para acabar con el legado de hace más de ciento cincuenta mil años. Los mejores ejemplos de estos mecanismos destructivos son las guerras y las sanciones económicas de países poderosos contra otros. Ya la amenaza de la guerra no es con las “armas convencionales”, estos dispositivos de destrucción quedaron atrás. Recién la humanidad está amenazada con armas de destrucción masiva, tanto químicas como bacteriológicas, cuya efectividad se prueba según causen más muertes en el menor tiempo posible. El mejor ejemplo de estas armas son las nucleares que pueden ser disparadas desde aviones, desde naves en mar y desde tanques artillados con cohetes cargados con ojivas nucleares. La capacidad de destrucción de algunos seres humanos no tiene límite, siempre están innovando para acarrear desgracias como es el  de las sanciones financieras y bloqueos económicos que países poderosos como EEUU y la UE castigan a otros creando problemas de alimentación y salud entre los afectados y como consecuencia, la muerte segura de miles de inocentes. Una manera cruel e inhumana de a acortar el período entre el nacimiento y la muerte.

Parece algo paradójico, el ser humano carece de humanidad por ser capaz de planificar la destrucción de la especie, simplemente por interese bastardos de un grupo. Razón tuvo el escritor ruso Fiódor Dostoievski cuando escribió: “Una bestia nunca puede ser tan cruel como un ser humano, tan artísticamente, tan pintorescamente cruel”. Lee que algo queda.   

                       

 

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