Sobre la novela latinoamericana


Con frecuencia, por los diferentes medios de comunicación se escucha y se observa, a diversos escritores y críticos, conversar sobre la literatura latinoamericana o novela latinoamericana, como si estas se hubiese escrito en un idioma distinto al traído por los conquistadores, impuesto y afianzado en las diferentes regiones del Nuevo Mundo. Con un agravante, muchos de los
diferentes idiomas o “dialectos”, como mal llaman algunos especialistas a las lenguas de los nativos de estas tierras meridionales, fueron prohibidas o desaparecidas debido a que los hablantes se retiraron hacia parajes aislados de las metrópolis criollas. Imposible discutir que los escritores de México, Colombia, Cuba, Venezuela, Bolivia entre todos los países que conforman en la patria grande narran en español y lo hacen en este idioma porque piensan es español. Además, el comportamiento o conducta es la heredada del imperio. Por lo tanto mal se puede hablar de literatura latinoamericana.
 

 Son muy pocos los escritos que se tiene de los ancestros de la época prehispánica, alguno que otro poema o un cuento maya escrito en la lengua autóctona (náhuatl), otros en aimara o en quechua los idiomas incas, los cuales se conservan debido a los cuenta cuentos quienes ayudaron a preservar parte de la literatura incaica. Fuera de esto, es muy poco lo que se puede catalogar como literatura latinoamericana escrita. A manera de ejemplo, México o Nueva España es un invento de la colonia. Antes de la llegada de los agresores blancos existían varias naciones (no tribus como señalan los curas escribanos), tales como los mexicas, chichimecas, tlaxcaltecas, olmecas, zapotecas, mayas...dirigidos por el uey-tlatoani término náhuatl que significa venerado orador, quien era una especie de gobernador (no cacique, palabra netamente española). Además, cada una de esas naciones tenía una lengua y costumbres propias, organización política y urbanismo muy desarrollado, bastante lejos de lo que opinaron los intrusos saqueadores de aquel patrimonio. Sin embargo, si existieron algunos códices  aztecas y mayas, como el Borbónico, el Mendocino, el Boturine, Matrícula de Tributos, escritos en lengua náhuatl los cuales constituyen una fuente primaria de los mexicas y los mayas. Obviamente, el mundo occidental no considera tales documentos como literatura; lamentablemente muchos de estos manuscritos fueron quemados por los frailes, pero por fortuna, otros se rescataron y están resguardados en museos europeos y mexicanos. Estos escritos son la primera fuente de la narrativa latinoamericana, lo escrito después de la colonia simplemente es literatura española.

Evidentemente nuestro idioma español es más o menos como la luz banca visible que se descompone en luces monocromáticas, siempre y cuando que atraviese algún obstáculo que le permita refractarse en diferentes ondas. Así ocurre con nuestro idioma español, este es el resultado de varias culturas que modificaron su lengua original, la mezclaron con la del colonizador hasta llegar al idioma que se habla en cada región, pero con sus propias características
que al final, también es español. Similar a la luz blanca, es el mismo idioma español pero con diferente matices. Por lo tanto, además de hablar español, pensamos en español y la herencia
, la cual predominó y predomina en la mayoría de las metrópolis criollas por encima de la nativa.  

Si es imposible hablar sobre la literatura o novela latinoamericana, por lo explicado anteriormente, es casi improbable referirse a una novela tradicional policial latinoamericana, por una razón sencilla, el organismo policial es un invento europeo  trasladado hacia América producto de la colonización. Por lo tanto las novelas policiales, o novela negra como se le llama ahora, está influenciada por los autores nacidos al otro lado del charco, con las costumbres arraigadas, no en Suramérica, sino en Europa. Por eso los modelos de las primera novelas policiales escritas en el Nuevo Mundo fueron tomadas de los novelas folletinesca entregadas por capítulos en los periódicos europeos de la época. Fueron famosos Edgar Alan Poe (EEUU), Agatha Christie, Arthur Conan Doyle (británicos), Emile Gaboriau, Balzac (franceses) cuyos personajes, tanto el detective y como el asesino predominaron como prototipos, muy similares a los protagonistas que aparecían en la mayoría de las novelas policiales. Detectives como Sherlock Holmes, Arsenio Dupin,  Hércules Poirot…, sembraron patrones en la mente de los escritores mexicanos como Bernardo Fernández, Elmer Mendoza, Gabriel Trujillo, Paco Izquierdo Taibo, igualmente, en los  autores argentinos Luis Vicente Varela, Vicente Batista, Oswaldo Aguirre, Claudia Piñero y otros. Todos ellos  encontraron en aquellos, paradigmas para desarrollar personajes en sus propias novelas. Siempre tomando como referencia la narrativa europea en el género policial o novela negra.  No cabe duda, tanto los escritores de México como los de Argentina contaban y cuenta con un gran apoyo editorial que sin estas era y es imposible desarrollar tal género literario.

Lamentablemente Venezuela no cuenta y ni ha contado con una estructura editorial que consintiera y consienta desarrollar y difundir cualquier género literario, mucho menos la novela negra que dispone con muy pocos autores, entre los que solo se pueden señalar a Fermín Mármol León, Remigio Ceballos y Víctor Amram, cuya narrativa se basa en sus propias experiencias en los desempeños en altos cargos en el estamento policial venezolano. Sin embargo, fuera de este grupo se conoce una zaga policial de varias novelas tituladas “Muerte en Vaticano C.A.”, “Los Crímenes de señor Fox”, “Trilogía para un crimen” entre algunas, en las cuales el autor Enoc Sánchez destaca las buenas  experiencias y excentricidades de dos agentes policiales Hipólito Mejías y Atilano Garófalo ajustada a una concepción de una novela policial diferente. Lamentablemente la falta de un apoyo editorial y la carencia de empresas dedicada a la publicación  y difusión de la narrativa en Venezuela hacen imposible la motivación para captar autores en los diferentes géneros literarios.      

   


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