Las guerras mundiales
Son muchos los eventos mundiales consumados en el planeta para celebrar o conmemorar algún asunto relevante, bien sea deportivo o cultural. Se tiene por ejemplo las olimpíadas, el mundial de fútbol, festival de Cannes, los concursos de bellezas, el torneo de tenis Roland Garros, las olimpiadas de invierno, en fin, son muchos de los acontecimientos donde los países compiten, bien por invitación o por iniciativa propia, por pertenecer a organizaciones internacionales. No ocurre lo mismo con las guerras, que por mal uso y abuso del lenguaje se las llama mundial, a pesar que son muy pocos los países que las causan y muchos los que intervienen.
Son numerosos y variados los ejemplos que demuestran lo referido en el párrafo anterior. A manera de ejemplo, si nos remontamos a los antiguos imperios como el romano, el mongol, el británico, el bizantino, el Sacro Imperio Romano, entre tantos, cuando uno de estos señoríos le declaraba a la guerra a otro país, todos los súbditos que conformaban el imperio estaban obligados a combatir en la confrontación. Si tomamos como muestra al Imperio Romano, los soldados de Bretaña, Germania, Galia, Hispania, Mauritania, Egipto, Siria…entre los que conformaban el poderío del César, a la hora de la declaratoria de una conflagración los soldados de estos países debían salir a defender los pendones del gran emperador.
Otro ejemplo referente a las guerras ajenas fueron las exportadas al Nuevo Mundo por los imperios europeos. La historia nos relata las confrontaciones en el mar Caribe y en tierra firme, de los ingleses, españoles, franceses, holandeses y portugueses entre si a través de la piratería, que en muchos casos tenía la autorización de las cortes de la vieja Europa. Muchos fueron los aborígenes de los pueblos originarios, quienes murieron defendiendo los estandartes de las monarquías provenientes del otro lado del mar. Beligerancias que no tenían nada que ver con los sojuzgados. Era la lucha de los imperios por el control del comercio en las aguas del Caribe. Así mismo, por robarse las riquezas que con anterioridad habían sido sustraídas por españoles y portugueses de las entrañas de las tierras conquistadas. Muchos de esos tesoros eran trasladados a puertos europeos en naves españoles y portuguesas.
Hoy en día esas contiendas tienen carácter mundial, dado que en dichas beligerancias intervienen muchos países, muchos de estos no por voluntad expresa, sino que por circunstancia a las que se ven obligados. Lo mejores ejemplos de esto lo constituyeron la Primera y Segunda Guerra Mundiales. Me voy a detener en la segunda dado que esta no fue más que la continuación de la primera.
Se debe recordar que el mapamundi, hasta el año 1945, parte de África y Asia estaba bajo el dominio de los imperios europeos: el británico, el francés, el holandés, el belga, supremacías estas poseedoras de “protectorados” en los continentes referidos. Por lo tanto, tales gobiernos extendieron sus intereses hacia las llamadas colonias o provincias de ultramar. La historia nos revela que la Segunda Guerra Mundial se inicia por las hostilidades, entre Alemania e Inglaterra, Alemania y Francia, Italia y Armenia, Alemania y Polonia, Alemania y Rusia y ya al final, entre Japón y EEUU. Como se lee, discordias únicamente europeas y estadounidenses que tocaban intereses económicos derivados del tratado de Versalles. Por poseer estos imperios colonias del ultramar en África y Asia, estos países, que no tenían nada que ver con las peleas de los europeos, fueron arrastrados a una masacre de millones de soldados no europeos, quienes sin saber estaban defendiendo haciendas ajenas.
La historia nos relata que los países pertenecientes a la Mancomunidad Británica fueron obligados a participar en una guerra que no le correspondía: Sudán, Somalilandia, India, Sudáfrica, Rodesia. De igual manera ocurrió con la mancomunidad francesa que poseía colonias en África como Argelia e Indochina en Asia. Hasta los confines del planeta como Australia, Manchuria, Corea, Formosa, China del Norte, Malasia, Filipinas, Borneo, Célebes, Timor, Salomón… se vieron envueltos en la Segunda Guerra Mundial. Estos territorios debieron aportar soldados, jóvenes que entregarían sus vidas para defender intereses europeos, que en nada los beneficiarían.
La estadística, resultado de esa guerra, es muy triste y desoladora, más de cincuenta millones de muertos, ciudades como Rhur (Alemania) que recibió 120.000 toneladas de bombas lanzadas desde los aviones cazas de los aliados, tales estampidos dejaron la ciudad en ruinas; la desolación de Hiroshima y Nagasaki desbastadas por la explosión de dos bombas atómicas; la destrucción completa de zonas agrícolas que causó una hambruna en toda Europa; los millones de desplazados y refugiados, sobrevivientes de la barbarie de unos territorios desolados. Y lo peor, los odios forjados entre la población civil, por un asunto que nada tenían que ver entre quienes fueron a luchar en los campos de batalla.
Hoy de nuevo el olor pólvora impregna algunas ciudades europeas, de nuevo las calles de tiñen de sangre, otra vez la memoria de los humanos olvida las desgracias de las guerras anteriores y los intereses económicos prevalecen por encima de la vida de los seres humanos. Ya los dirigentes europeos y estadounidenses mencionan la tercera guerra mundial como si esta fuera a solucionar el problema que nunca termina. Pareciera que las empresas europeas y gringas, para dirimir sus problemas prefieren trasladar al mundo a un conflicto bélico en el cual los únicos ganadores son los vendedores de armas.
La deshonestidad de los líderes estadounidenses y europeos no los permite revelar los verdaderos motivos del conflicto ente Rusia y Ucrania. El problema de no es la violación de los territorios dado que EEUU posee bases militares en todos los lugares del planeta, así mismo, el pasado colonialista de los imperios europeos en África y Asia les revela sus verdaderos talantes, el motivo principal es el provechoso negocio del gas que Europa consume al cual todos le quieren poner la garras. Razón tuvo el líder camboyano Sorodom Sihonouk cuando expresó: “El tiempo inevitablemente va a descubrir la deshonestidad y la mentira; la historia no tiene lugar para ellos”. Lee que algo queda
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