Explotados y explotadores; víctimas y victimarios
Cuando un hombre se sintió más fuerte que los demás, cuando se inventaron las armas y el sujeto fornido se adueñó de estas comenzaron los problemas de convivencia entre los habitantes de la Tierra, se inició la injusticia, la iniquidad y la desigualdad. Aquel ser primitivo dotado de fuerza física, quien podía influir por el temor sobre los más débiles y poseído con el poder que le daban las armas comprendió que podía poner a los más débiles a trabajar para él. Se da comienzo a la desigualdad social entre el hombre poderoso, el explotador y el más débil, quien trabajaba para que el fuerte se enriqueciera y viviera a sus expensas, el explotado.
La estructura social de dos clases se mantuvo y se mantiene desde hace siglos. El hombre fuerte con un nombre específico: latifundista, potentado, hacendado, acaudalado, señor feudal, aristócrata o noble, hidalgo, caballero, terrateniente, empresario, capitalista… entre algunos calificativos que se han usado y se usan para denotar aquellos que viven a costa del trabajo de los explotados, los más débiles. Estos también a lo largo de los anales de la historia se les conoce con infelices calificativos: esclavo, siervo, súbdito, tributario, vasallo, peón, labriego, jornalero, ganapán, obrero, asalariado, campesino, bracero, proletario, empleado…quienes durante siglos el explotador le confiscó, en un principio, la mano de obra y actualmente, tanto el trabajo calificado como el trabajo intelectual.
Las infaustas actuaciones de los explotadores contra los explotados convirtieron los primeros en victimarios, es decir, en los responsables de llevar a cabo una o agresiones contra otros más débiles dentro de la escala social, convirtiéndolos en víctimas. Esta podría tratarse de una acometida individual o pudiendo tratarse de un ataque hacia un conjunto de individuos o un colectivo. Las consecuencias que provoca el victimario en su víctima incluyen lesiones físicas, y/o sicológicas, o que menoscaben sus efectos personales, hasta la pérdida de la vida.
Se da el caso que el o los explotadores pueden haber actuado consiente de que su manera de proceder causaría daño al explotado, en cuyo caso se considera que el victimario se condujo con saña, con mala intención para sacarle provecho a la situación.
Los explotadores tienen diversas formas de actuar para convertir a un gran número de personas en víctimas, es decir, en explotados. Por ejemplo, el dueño de una empresa, el explotador, puede victimizar a sus empleados mediante contrato de trabajo leoninos, donde se menosprecie la obra de mano y sufrague tal desempeño con salarios miserables, absolutamente para él obtener mejores ganancias en la empresa. Pero no solo el explotador, el dueño de la empresa, convierte en víctima a los empleados de la fábrica, también estableciendo monopolio para encarecer el producto una vez que le llegue al consumidor.
El explotador no escatima esfuerzo para obtener ganancias y por ello le importa un pito el ambiente y descarga en el aire un smog contaminante o si no, vierte en ríos y mares productos residuales que contaminan las aguas blancas y saladas. De esta manera convierte a los habitantes de una región en víctimas que en algunos casos puede producir la muerte de cientos hasta de miles de personas.
El explotador aprovecha al máximo los recursos ambientales sin importarle el daño que causa al ambiente, como la deforestación, la desertificación, la explotación al máximo de la materia prima a riesgo del deterioro ambiental. Tales prácticas convierte un hermoso bosque en verdadero eriales imposible de habitar, tanto los animales de diferentes especies como los seres humanos. En este caso las víctimas, los antiguos pobladores, se trasforman en emigrados que deben abandonar sus antiguos hogares para buscar un nuevo sitio para vivir.
Lamentablemente la escala de riqueza de los explotadores no tiene límites, ya no es la Tierra y sus recursos a las que aspiran poseer para explotar la materia prima, el planeta se le hizo pequeño, ahora miran hacia el espacio. La idea es colonizar el cosmos y verificar si un meteoro tiene una composición química adecuada que podría tener un mineral codiciado por el mundo. Esta errabunda piedra pasaría a ser propiedad del explotador para obtener ganancias. Las próximas colonias se instalarán en Muerte, la Luna, en el espacio sideral para colocar estaciones espaciales para hacer experimentos y al final, llenar el cosmos de chatarras viajeras que ponga en peligro la vida de los terrícolas. Actualmente el cosmos no tiene dueño y al igual como se hizo con la antigua América y África, el primero que llegue se lo apropia sin permiso de la Comunidad Internacional.
A los explotadores no les preocupan las víctimas. Los explotados laboral y económicamente pueden morir producto de una epidemia, de una guerra nuclear, con los alimentos tóxicos fabricados por las empresas y por las drogas que inventan, producen y exportan los laboratorios. Los dueños de las transnacionales farmacéuticas están apoyados por ciertos gobiernos cuyos presidentes y primeros ministros reciben su comisión. Los victimarios cada día extienden sus fronteras y para eso necesitan fabricar armas de destrucción masiva como las ojivas nucleares, armas biológicas y químicas, además, dominar a los jóvenes y adultos a través de las redes sociales, una manera de controlar el mundo. El rango entre explotados y explotares cada día se expande más, los primeros son muy pocos, no llegan al ciento y los segundos, miles de millones. Estos son víctimas de una cadena de acontecimientos que se pierden en la infinitud de la red informática y están condenados a morir por una explotación excesiva de los recursos de la Tierra.
En la manoseada lucha de clases solo existen dos clases sociales: los explotadores y los explotados es decir, los victimarios y las víctimas respectivamente. Estos últimos al servicio de los primeros en espera que los victimarios nos concedan una reducida porción de espacio en la Tierra en donde podremos vivir. Es bueno recordar a la poetisa española Gloria Fuertes: “No basta defender a los explotados, hay que curar a explotador de su tisis de egoísmo”. Lee que algo queda.
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