El colonialismo mental
EL COLONIALISMO MENTAL
Una de las peores cosas de muchos los suramericanos es el colonialismo mental, el cual fue transferido de generación a generación, hasta nuestros padres y ellos, sin advertirlo nos los legaron. A pesar de mi edad, nunca advertí de esta situación, hasta escuchar la conversación de dos jóvenes sentados en un banco del parque Miranda muy cerca de mí. El diálogo transcurrió de la siguiente manera:
– La mayoría de los jóvenes tienen la certeza de actuar de acuerdo con sus criterios, sin darse cuenta que somos producto de un colonialismo mental que no nos deja salir del vasallaje.
El otro joven permanecía atento a las palabras del amigo y le pidió que le aclarara el concepto.
– El colonialismo mental es la manera sumisa con que aceptamos estoicamente conductas impuestas por los antiguos amos; primero por la Corana española y recientemente por los gringos.
– ¿Y cuáles son esas conductas?
El disertante miró el abigarrado jardín como buscando la respuesta en el hermoso follaje.
– Esas conductas están camufladas como costumbres, pero éstas no son más que la forma como fuimos y somos penetrados culturalmente, para hacer de nosotros unos pobres consumidores de los íconos de culturas foráneas. Para los grandes consorcios comerciales todo es un negocio.
La elocuencia del joven sorprendía y tal como el amigo, estaba esperando la aclaratoria.
– Por ejemplo, consumimos pan, proveniente del trigo, cuando aquí no hay terrenos propicios para el cultivo de este cereal. Los europeos tenían que buscar mercados en América para vendernos su producción excedente. Otro ejemplo que te lo voy a presentar como una pregunta ¿Cómo es posible que en un clima tropical nosotros nos pongamos medias y zapatos? Un pie enfundado en estos ambientes tropicales genera calor y como consecuencia, humedad y ésta causa hongos en la piel. Un médico especialista de la India afirma que el calzado ideal en esta zona tórrida es la sandalia. Evidentemente, los europeos tenían las fábricas de medias y zapatos de piel y nos indujeron al uso de tales implementos.
– Entonces, eso mismo ocurrió con los calurosos sacos y corbatas.
– Claro ¿en cuál cabeza cabe que en este clima caluroso un mortal puede usar tales prendas? De igual manera pretenden imponer que tomemos brandy y vino. Pero eso no es todo.
El amigo no interrumpió en espera de la continuación:
– Como puedes notar en este país no hay trenes en abundancia, como lo hay en Europa y en gran parte de los países del Sur. Resulta que, cuando apareció el petróleo en este país las empresas norteamericanas eran las dueñas de las gasolineras, de la fábrica de asfalto y por tal razón debíamos comprarle sus carros y camiones consumidores de gasolina los cuales rodarían por las carreteras construidas por sus empresas. Pero nosotros pensamos que es normal que cada quien tenga un auto. De igual manera, nos impusieron el consumo del whisky, Pepsicola y Coca-Cola, en un lugar donde hay tanta fruta, hasta nos asignaron el beisbol como juego nacional.
– Quiere decir que la mayoría de las conductas que asumimos fueron impuesta por los imperios.
Parecía que la conclusión del amigo no estaba errada y fue corroborada por la siguiente disertación:
– Eso no es lo peor, lo grave es que actuamos como si tal fuera algo natural. En eso consiste el colonialismo mental. Los progenitores van con los hijos a un centro comercial, pretendiendo que esto son polos de diversión y en verdad, son lugares de consumo masivo para dejar vacía la cartera del padre o la madre.
– De acuerdo con tu disertación el mejor aleado de esto es la televisión.
El diálogo era interesante y el amigo reiteró:
– La televisión y las redes sociales son dispositivos alienantes para mantener a los pueblos bajó la égida de las grandes consorcios comerciales, haciéndoles creer a los consumidores que eso es una forma cultural y no se dan cuenta que es una forma de mercadear. Ciertamente, eso constituye una aberración cultural, mejor dicho, una contracultura, en detrimento de las economías de los llamados países en vía de desarrollo. Los dólares con los cuales nos cancelan la materia prima exportada, regresan aumentados a los Estados Unidos y Europa por la venta de productos innecesarios y fútiles.
– Definitivamente chamo, el colonialismo mental nos transforma en perfectos idiotas.
<<Exactamente>> pensé yo.
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