Libertad, otra mentira más

Libertad, otra mentira más

Son muchas las palabras inventadas por los políticos o algunos expertos en el comportamiento humano para mantenerlos narcotizados, o simplemente para hacerles creer la existencia de una señal que nunca descifrarán. Algo así como el cielo, que nadie sabe dónde está ubicado, pero muchos aseguran que ese será el destino de su alma cuando cumpla, aquí en la tierra, la fecha de caducidad. Otro vocablo muy manoseado por todos los aspirantes a cargos públicos, también, por los por religiosos, escritores, filósofos, ensayistas, en fin, un sin número de personas, es  el término “libertad”. Casi todos ofrecen  libertad, muchos creen gozar de libertad, muchos negocian con la libertad de otros, en el entendido que la libertad es algo así como la ataraxia, un estado de regocijo que permite vivir en un período de complacencia permanente.  

Pienso en la libertad como en una entelequia, una cosa ideal, algo inalcanzable que solo existe en la imaginación de algunos, una especie de especulación o conjetura, que muy pocos saben para que sirve. Hasta los líderes de la Revolución Francesa ofrecieron “libertad, igualdad y fraternidad” y cuando triunfó el levantamiento los sans culottes, los sin calzones, los sectores menos acomodados de la sociedad gala, es decir, los miembros de la clase social deprimida,  advirtieron que su vida no cambió en nada. Nada diferente a las promesas de algunos líderes políticos en plena campaña electoral: garantizan libertad a los oyentes, sin embargo muchos de estos no saben qué utilidad tiene esa cosa.

Pero veamos como definen algunos conocedores  la palabra libertad: facultad de los seres humanos de actuar de una manera u otra; estado o condición de quien no es esclavo; falta de sujeción o subordinación; condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimento de ciertos deberes; facultad de los seres humanos para actuar a voluntad sin restricciones, respetando la propia conciencia y los valores morales para alcanzar su plena realización…En fin, cada especialista, cada semiólogo, cada político o religioso o filósofo, tendrá su propio concepto de libertad. De lo que juzgo que, cuando hay varias aserciones para definir una palabra por lo general todas son falsas.

Todo esto lo refiero porque muchas constituciones y varias organizaciones internacionales afirman que los “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos...” Habrase visto tanta paparruchada escrita para que se lea y se escuche bonito, cuando a la vista  todo esto no es más que una vil mentira. ¿Acaso los habitantes de los miserables de África, de Suramérica, de EEUU y de Australia, pueden sentirse igual en libertad y en derechos a una familia que vive en Beverly Hill?

A cuál libertad se refieren los políticos,  teólogos,  filósofos, ensayistas, literatos, etc. de acuerdo con las definiciones anteriores. ¿De cuál libertad se especula cuando la mayoría de las personas son esclavos de un salario y de los vaivenes de la política económica-financiera, tanto nacional como internacional? 

Lo lamentable de todo esto es que la generalidad de la gente cree en las mentiras para no enfrentar la realidad.  Es la mascarada social cuando las mentiras se disfrazan de verdad con arte diabólico, además, nos engaña a todos hasta que posteriormente triunfa. Nos acostumbraron a vivir en mundo carnavalesco donde la burla se disfraza de lógica; la vanidad, de modestia; la desvergüenza, de desenfado; el robo, de especulación; el pedantismo, de filosofía; la fanfarronería, de valor; el egoísmo, de desinterés; lo grosero, de civilizado. Todo esto es parte de los artificios inventados por la turbamulta de los burgueses y capitalistas, quienes se ajustan estrictamente a los intereses de los poderosos para dominar a los electores, quienes finalmente, luego de diversos tropiezos caen y se precipitan en profundos abismos. Son aquellos embaucadores quienes ofrecen una república feliz donde se vive en “santa libertad”, sin mostrar ninguna preocupación ni por la familia y ni por la educación de los hijos ajenos, ni piensan en un país donde no se conozca ni la vanidad ni la envidia, ni los apetitos desordenados, ni la avaricia.

El aspirante a un cargo en el gobierno le ofrece a la gente libertad con una elocuencia rica, casi exuberante; mordaz, cáustica y a veces viperina; con apariencia espontánea y culta. El expositor se presenta en un auditorio con un talento analítico, con una exquisita percepción estética, con ingenio satírico, auxiliado con una erudición pasmosa, todo esto para culminar con la certeza que si gana su partido todo el mundo será libre. ¿Libre de qué?

De cual libertad se vanagloria la gente si llegamos a un mundo sin ser invitado y nos recibe una familia que tiene establecida sus normas de vida. Continua viviendo en una sociedad donde ya están instituidas unas leyes concebidas por un grupo de personas para su propio beneficio, bajo un régimen de gobierno determinado sin que la mayoría haya participado en su concepción. Es este modelo es el que ofrece libertad, donde la mayoría vive bajo la opresión de un sueldo miserable, la esclavitud de unas leyes que solo beneficia a sus creadores, en el nombre de la justicia que solo favorece a quienes más tienen y castiga al más necesitado. Esta es la libertad que pregonan muchos y por la cual se pide sacrificio.  

A través de siglos millones de jóvenes combatieron y murieron en nombre de la libertad y la democracia. Una libertad que nunca conoció y una democracia excluyente que favorece solo a quienes poseen riquezas y escarmienta a los sin nada. Muchos de los jóvenes regresan de la guerra mutilados para recibir una condecoración y  pensión miserable sin comprender nunca eso de la libertad por la cual ofrendó años de su vida.

Yo, por mi parte, debido a la dureza de mi pensadora, nunca he comprendido los principios básicos de la libertad, puesto que estoy seguro que nadie es libre. Todos somos esclavos de algo o de varias cosas: del sueldo; de la familia; de nuestras pasiones; de la responsabilidad; de las decisiones políticas y económicas de las grandes potencias; del Dios que vigila y castiga; de los vicios; de la disciplina; de los padecimientos; de la genética; de los mensajes de los medios de comunicación que conducen a llevar a las personas hacia una cultura mediatizada, a través de la publicidad, según los intereses de los grandes consorcios económicos; de los partidos políticos; de la religión según el dogma de fe; de la tecnología; del trabajo para conservar un salario para tener una vida digna; en fin son tantos las situaciones que esclavizan a los seres humanos que nunca serán libres. Sin embargo siempre estarán atentos a las palabras de quienes le ofrecen libertad bajo motones de mentiras.

Estoy seguro que no hay forma que otra persona nos haga libre. La libertad es un asunto personal, no depende ni de la forma de gobierno, ni de la religión y mucho menos de una multitud que luche para que otros alcancen la libertad. Bien lo refirió el filósofo francés Michel de Montaigne (1533-1592): “La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de si mismo”. Lee que algo queda.          

                 

 

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