Alimentación para la vida
Alimentación para la vida
Los seres humanos son algo extraños, por no usar otra palabra que podría que podría considerarse como un agravio. Cuando una persona compra un carro el concesionario le entrega un folleto o libro en el cual le indica el octanaje de la gasolina que se debe utilizar, el tipo de aceite para el motor y para la caja, así mismo, la liga de freno, el refrigerante del radiador que debe contener ciertas características químicas, según la marca del auto. Esto le asegurará al comprador del vehículo el buen funcionamiento de la máquina. El cuerpo humano es producto de la una evolución que data de más de ciento veinte mil años, como consecuencia de esto el organismo fue sufriendo una metamorfosis que dependió del tipo de comida que ingería. En aquella época los comestibles eran productos provenientes de tierra, del aire y del agua, es decir, su dieta consistía en vegetales, verduras, frutas, cereales, granos, carnes de pescados, aves y de caza. Tales productos le aseguraban una dieta rica en proteínas, carbohidratos y grasa. Durante muchos siglos este fue el tipo de sustento que le dio a los primitivos los elementos para que pudieran realizar sus actividades diarias, desde que se levantaban hasta que se ocultaba el sol y buscaban el sueño el reposo necesario.
Durante siglos el cuerpo humano se fue adaptando a este tipo de comida, creando para esto las enzimas necesarias para digerirla. Como se ve eran alimentos provenientes de la naturaleza sin ningún tipo de agregados químicos, sin colorantes, que le alterara al estructura congénita del comestible. De hecho, el hombre pasó, en todo este tiempo, variando su dieta conforme cambió de nómada a sedentario, desde comer comida cruda al ingerirla, después, una vez que descubrió la candela, a consumirla asada o sancochada, pero en ningún momento con aditivos químicos que le alterara su naturaleza. Como se nota, el cuerpo humano evolucionó consumiendo comida real y sus enzimas se programaron solo para digerir tales comestibles.
Todo funcionó bien hasta que llegó la revolución industrial, cuando se comenzó a producir productos en serie, por lo general en paquetes, frascos o en latas. Entre tales productos estaban los alimentos. Mucho antes del Renacimiento, las madres acudían a los mercados al aire libre o bien para cambiar (trueque) productos y posteriormente, cuando se inventó el dinero, comprarlos. En ambos casos se procuraba productos naturales sin aditivos, tales como lo hicieron sus ancestros durante siglos. Pasado el tiempo mucho de esos productos se compraron empaquetados, en frascos o en latas, con aditivos químicos que los preservaran y los adquirían, bien en una bodega y modernamente en los centros comerciales.
Este proceso evolutivo cambió lo referente a la ingesta de comida del consumidor, ya no era el comida real, la proveniente de la tierra, agua y aire, en su condición natural, sino con agregados químicos que la conservara, para los cuales las enzimas del organismo no está preparado para digerirla.
Regreso a la primera estrofa. Si los hombres y mujeres son tan cuidadosos para suministrarle al auto los productos esenciales para su buen funcionamiento, por qué se empeña e ingerir comestibles para lo cual el organismo no está preparado para digerir. Por qué se empeñan en comer, productos azucarados, alcohol, comida chatarra, grasas trans, gaseosas, bebidas pasteurizadas, comestibles de pastelería, víveres enlatados, embutidos, golosinas, frituras empaquetadas, viandas y bebidas con colorantes…en fin numerosos productos que se exhiben en los anaqueles de los supermercados que no son alimentos.
Se debe tener claro que no es alimento cualquier producto que se pueda masticar o beber. Un alimento es una sustancia cuya función es suministrar al organismo los nutrientes y la energía necesaria para que la persona pueda desempeñar sus funciones físicas e intelectuales. Como consecuencia de la definición anterior una de las propiedades fundamentales de los alimentos, además de proveer los nutrientes (minerales, vitaminas, electrolitos, proteínas, grasas…), proporcionar energía al cuerpo. Es decir, los alimentos son para el cuerpo lo que la gasolina es para una máquina. Sin esta el auto no puede rodar, de igual manera, sin un buena alimentación el cuerpo humano no puede cumplir sus necesidades básicas.
Un alimento es una especie de recipiente cargado de energía, la cual es absorbida de la luz solar y de los nutrientes provenientes del interior de la tierra, los cuales pasan a la planta a través de las raíces. Una vez que el alimento transita hacia el cuerpo humano se produce un número de trasformaciones energéticas que se convierten en energía cinética, calórica, química y otras, responsables del buen funcionamiento del cuerpo. Esto es lo que se llama metabolismo, los procesos físicos y químicos del cuerpo que transforman la energía contenida en los alimentos en otra forma de energía. Es esta la que hace posible la respiración, la circulación, la digestión y las otras funciones que hace factible la vida. Una buena alimentación, desde la barriga de la madre, durante la niñez y la adolescencia asegura la formación de anticuerpos para proteger el organismo, es decir, un buen sistema inmunológico, una defensa para enfrenar los virus y bacterias dañinos para la salud. Estos anticuerpos se obtienen de los vegetales, legumbres, hortalizas, frutas, carnes magras, el agua, cereales (no los de caja), descartando por completo las comidas procesadas carentes de valores nutricionales. Los otros comestibles, los procesados, la comida chatarra, el cuerpo no los digiere y la almacena como grasa causando obesidad a quienes se empeñan en violar las leyes de la evolución. Solo se debe comer los alimentos reales, los otros son productos para generar diversas enfermedades y acelerar la muerte de dichos consumidores.
Tal como manifesté anteriormente, la revolución industrial implantó reformas en la forma de comer, dado que la producción de alimentos en serie condujo el consumo de comida procesada y como consecuencia, el deterioro de la salud de los consumidores.
Con la llegada del capitalismo, por eso del interés del trabajo por encima de la salud, codujo a los trabajadores a consumir comida con una sola mano, es decir, basta comer una hamburguesa o un perro caliente (hot dog) con una gaseosa para satisfacer el hambre, en detrimento de la salud. Esta no es la alimentación para la vida, sino para la muerte, dado que ingerir tales comestibles genera diversas enfermedades como la obesidad, con sus secuelas, como la diabetes, cardiopatías, problemas de la tensión, dolor en las articulaciones, falta de estima y otros malestares producto de una mala alimentación. Por esto la importancia de ingerir comida real, aquellos alimentos naturales, no procesados, preparados con los menos condimentos posibles para facilitar la digestión. Es bueno recordar que mientras menos trabajo realice sus órganos para digerir una comida, el envejecimiento es más lento, este se produce cuando los órganos trabajan más de la cuenta y por mucho tiempo. Es más fácil digerir 150 g de pescado que 150 g de carne roja.
La única manera de tener una buena salud es mediante una alimentación sana y saludable y esto se logra solo con una alimentación real, la mejor medicina. Es bueno recordar las palabras del escritor inglés Williams Shakespeare: “Nuestros cuerpos son nuestros jardines, nuestras voluntades son nuestros jardineros”. Lee que algo queda.
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