Poder, dinero y armas

 

Los gobiernos, en diferentes épocas, están sustentados por diversos soportes, estos son los responsables de la permanencia de un determinado sujeto en el ejercicio de la máxima jefatura, bien como rey, o emperador, o dictador, o primer ministro, o presidente. Durante las vetustas monarquías europeas su alteza real era respaldada por grupos de aristócratas o feudalistas, dueños de grandes extensiones de terrenos, o feudos. Aquellos poseían, además de las heredades,  enormes riquezas. También los reyes eran protegidos por la clase clerical, la cual actuaba como representantes de Dios en la tierra y rectora del gobierno celestial. No debo dejar de lado las armas, estas no estaban en manos del monarca sino de las mesnadas al servicio de los patricios, cuyas huestes permanecían a la orden para defender y mantener el rey en el poder. Debo dejar claro, el soberano no poseía ejército, dado que las tropas eran dirigidas por caballeros con títulos de nobleza al servicio del señor feudal. Incluso, el dinero, una parte estaba en manos del monarca, la otra, repartida entre la nobleza. Se daba el caso que en oportunidades el soberano agotaba su patrimonio, entonces recurría a préstamos para solventar los ostentosos gastos requeridos para mantener la lujosa vida palaciega. Tales empréstitos eran cubiertos por algunos nobles o por judíos poseedores de magnos capitales.

Abatidas las monarquías las cosas cambiaron, ya superado el absolutismo monárquico surge el absolutismo imperial, es cuando se experimentan ciertos cambios. En esta oportunidad el emperador dispone de enormes ejércitos bien armados para avasallar y conquistar otros pueblos, además dispone de un poder omnímodo para hacer lo que le da la gana y enormes riquezas producto del robo de los patrimonios de otros pueblos y la apropiación indebida de naciones completas, bajo el uso de las  armas. Como se nota, este gobierno imperial se sustenta sobre tres elementos: el poder incondicional, el dinero y las armas en manos de un ejército al servicio del emperador. 

Con el fin de la segunda guerra mundial y el triunfo de los aliados,  desaparecen los imperios europeos, así mismo se eclipsa aquella vetusta clase noble y la poderosa burguesía. Los herederos de los antiguos y acaudalados artesanos se convertirán en  capitalistas, los dueños del dinero, quienes concebirán una nueva forma de gobierno: la democracia representativa. En dicha forma de gobierno parlamentario se destaca la existencia de dos cámaras: los senadores o cámara alta y los diputados o cámara baja, donde tendrán presencia los senadores y diputados, quienes defenderán desde las curules los intereses de los oligarcas, dado que tales legisladores son sus representantes. Esto es lo que respecta al poder legislativo. Paralelos a este, en la democracia representativa se crea el poder ejecutivo, dirigido por el presidente o primer ministro y el poder judicial, que al igual que el legislativo, actuarán en beneficio y amparo de los dueños de dinero.

Quiere decir que la  llamada democracia representativa está sustentada por el poder, repartido entre el poder ejecutivo, legislativo y judicial, además, cuenta con dinero, el del poderoso gobierno, así mismo, el que está en manos de los capitalistas. Estos utilizarán parte de sus fortunas en la preservación de la democracia representativa como la mejor forma de gobierno. Finalmente, el mayor nervio que respalda este régimen son las armas en manos de un poderoso ejército a la asistencia, no del presidente, sino al servicio de la conservación y defensa de las avaras corporaciones financieras, industriales, agrarias y armamentistas empotradas en los gobiernos conservadores. Como se ve, los tres grandes pilares que sostienen ese armatroste llamado democracia representativa son el poder, el dinero y las armas.

La trilogía del poder, el dinero y las armas ha permitido a las democracias occidentales, durante más dos siglos, cometer todo tipo de desmanes en el planeta tierra. Actualmente el gobierno de EEUU y los de la UE proclaman, a través de la mass media y las redes sociales, que el modelo único de gobernar, aceptable y reconocido por la llamada “comunidad internacional” es la democracia representativa concebida por los capitalistas. Dado que esta forma de gobierno personifica  los intereses de una minoría, es la que consentirá a los dueños del dinero apoderarse de los patrimonios de otros países. Aquellos pueblos que desoigan los llamados de los gobiernos de EEUU y la UE estarán expuestos a sanciones económicas e invasiones en las que se utilizarán el poderoso ejército de la OTAN y sus armas mortales, siempre dispuestas para avasallar y arrasar  los pueblos irredentos. 

El  dinero en manos los capitalistas les consiente poner a sus servicios los medios de comunicación y las redes sociales; inventar tecnologías para someter a otras naciones; educar científicos para fabricar armas letales; fundar universidades para la formación de “jóvenes demócratas” y escuelas militares para adiestrar a soldados asesinos para llevar la guerra a otros linderos; forjar grandes corporaciones industriales para fabricar armas letales; adiestrar especialistas en las ciencias sociales para alienar a los habitantes de otros países; planificar industrias de entretenimientos para mantener hipnotizados a los jóvenes y adultos para que ignoren lo que pasa en el mundo; cooperar con los consorcios narcotraficantes para mantener el sistema financiero de las democracias representativas; utilizar enormes masas de dinero, que podría solventar el problemas de la pobreza, para colonizar el espacio sideral; mantener un ilegal sistema de intervención extraterritorial a través de las miles de bases militares a lo largo del planeta; preservar y fundar instituciones de espionajes para intervenir en la política de otros estados, entre tantas acciones que da el poder de la posesión del dinero.

Y no crea el lector que estoy exagerando. La derrota de EEUU, la UE y la OTAN en Afganistán es prueba de lo que afirmo en los párrafos anteriores. USA se dio el lujo de malgastar más de ¡mil millones! de dólares en veinte años para llevar la “democracia representativa” al país árabe para combatir a los talibanes. Después de miles de muertos; ciudades destruidas; culturas arrasadas; emigrantes empobrecidos, buscando una mejor calidad de vida;  aparición de niños huérfanos, viudas y gente mutilada producto de los bombardeos y otros desmanes, finalmente los  “veteranos generales rubios” advirtieron que era imposible implantar la democracia occidental en el país asiático. Y una vez derrotados abandonaron el terreno cual ratas de alcantarilla. Los talibanes, que los invasores en un principio desalojaron del mando, regresaron al poder, expulsando  al gobierno títere y corrupto impuesto por los extranjeros. Estos  siervos tuvieron que largarse de Afganistán para  que todo quedara como en el comienzo. Permanecen pendientes Irak, Siria, Yemen, Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros pueblos irredentos que se niegan a recibir directrices de gobiernos ajenos.

Se puede concluir que los pilares que soportan la democracia represiva de la oligarquía mundial es el poder, el dinero y las armas, de tal manera que uso y abuso de estos han llevado a que los habitantes del planeta vivan eternamente convulsionados. Por tal razón me permito recordar las palabras del economista y filósofo irlandés Edmund Burke (1757-1797): “Cuando mayor es el poder, más peligroso es el abuso”. Lee que algo queda  

 

                                                      

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