Los crimenes de las religiones


Es innegable que la historia de la humanidad está ligada a las diversas religiones según la geografía y la época, sin embargo, es indiscutible que la mayoría de estas se impusieron bajo el sometimiento del rigor, es decir, mediante el uso de la fuerza y de otros medios que causaron derramamientos de sangre. En verdad, el mayor crimen de las religiones, no son los millones de muertos causados en los  siglos anteriores, la mayor injusticia es la mentira, mejor dicho las falsedades bajo las cuales se edificaron dichas doctrinas.

Me voy a detener en la religión Católica Apostólica Romana, la cual se fundó en  el siglo 325 d.C bajo al amparo del emperador romano Constantino, que por extrañeza no era católico. Fue bautizado en su lecho de muerte por el obispo de Constantinopla, que según se afirma era arriano. A partir de esta fecha comienza las actuaciones de una iglesia cuyo legado se puede resumir en mentiras, violencia y crímenes.

Sobre las mentiras no es difícil documentarse, basta leer La Biblia, tanto en el Viejo Testamento como en el Nuevo Testamento. Allí aparece, por ejemplo en el primero,  en Génesis 2 “Así fueron acabados los cielos y la tierra y todos sus moradores. Y dejó terminada en el séptimo día la obra que había hecho, y en séptimo día descasó de toda la obra que hiciera…” Evidentemente el comienzo del texto sagrado no soporta ningún análisis, parte de una mentira que ni el más ignorante puede creerla. La infinitud del Universo es algo sumamente complicado, que no pudo ser creado de la manera tan sencilla como lo narra el libro sagrado. No se trata de la Tierra, se trata de un Cosmos muy complejo en el cual la Vía Láctea, donde está ubicado nuestro sistema solar, es una parte ínfima de un Universo donde coexisten miles de millones de galaxias, con miles de millones de Sistemas Solares ¿A quién se le ocurre que esto se pudo forjar en siete días?

Las mentiras no paran en el libro sagrado, como fue la creación del primer hombre (Adán) del polvo de la tierra y Dios le insufló en sus narices un aliento de vida, además,  de una costilla que le quitó al hombre formó la primera “varona” (Eva): Génesis1.2. Cómo se ve solo una mente desquiciada, o boba, o ignorante  puede creer tales barbaridades.

Pudiera enumerar un sinnúmero de falacias que aparecen el libro sagrado en diversos versículos como Mateo 5.29 que reza: “Por tanto si tu ojo derecho te hace pecar sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo y no que todo sea arrojado al infierno”. Además del versículo anterior, algo bastante cruel, la cita del infierno aparece en Lucas 16:23-24, Mateo 5:29, Romano 6:23 y otros salmos tan crueles como el referido. La prueba del infierno ardiente, al cual están condenadas de por vida las almas pecadoras, me obliga a explicar lo siguiente: el infierno es el lugar que nadie conoce su ubicación, la zona donde son enviadas las almas impenitentes para recibir perpetuamente el fuego por el castigo de sus pecados. Desde el punto de vista de la física el infierno viola el Principio de Conservación de la Energía, dado que las fuentes energéticas son limitadas. La energía, en este caso la candela, debe provenir de un manantial donde se producen trasformaciones energéticas, tal como el Sol, que algún día se apagará. No hay fanales energéticos ilimitados, al infierno nadie les vierte combustible perennemente para quemar almas que no pueden ser chamuscadas, dado que aquellas no poseen componentes orgánicos.  

Las mentiras abundan en casi todos los libros sagrados, sobre todo en algo que la mayoría de las personas nombran: el alma o espíritu. Sin embargo, nadie sabe en qué parte del organismo está ubicado y de que sustancia está hecha. Por lo general algunos teólogos la representan como algo etéreo sin densidad, intangible, sin color y sin sabor. Está dentro de las personas mientras viva y se retira del cuerpo cuando aquella deja de ser, es decir al morir. En este momento es cuando un fiscal celestial se presenta en el sitio lúgubre para conducir el alma del difunto hacia cielo o hacia infierno, con el objetivo de que aquella permanecerá sempiternamente a la derecha de Dios o bien, tostándose a la parrilla en la casa de Satán. Debo resaltar, que todo lo que está dentro del cuerpo funciona como consecuencia de las transformaciones energéticas, de la energía obtenida de los alimentos para ser transformada en otras formas para que los órganos  la aprovechen para desempeñar sus funciones. Una vez que la persona muere no hay suministro de energía, dado que la persona no se nutre y todos los órganos del cuerpo paralizan sus funciones. Por lo tanto, no es posible que un alma  abandone el cuerpo inerme para salir volando hacia el cielo o el infierno, en un viaje sin retorno hacia el placer o el castigo. Esa alma, si existiera, no posee energía. Lo de la existencia de un alma eterna es otra de las grandes falacias. Una pregunta que se me resbala en este momento ¿de qué tamaño es la derecha de Dios para mantener tantas almas magnánimas a su lado? 

Para finalizar voy a referirme a otra de las grandes mentiras que se destaca en la liturgia de la iglesia Católica Apostólica Romana, como es el acto de la transustanciación eucarística, que no es más que la conversión de toda sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la la sustancia de su sangre. Esto solo es posible mediante la eficacia de la palabra de Cristo y la acción del Espíritu Santo. Evidentemente este acto es una reminiscencia de las culturas antropófagas antiguas que comían carne humana de la víctima y se bebían su sangre como sacrificio ante uno de sus dioses. Sin embargo, no existe ninguna ley física, química o biológica que permita explicar la conversión de la sustancia del pan y de la sangre a otra sustancia de origen “divino”, como es el cuerpo y la sangre de Cristo. Ni siquiera con la ayuda de las tres divinas personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quienes conviven en una sola persona, sin que nadie  explique cómo es posible esta convivencia tripartita, a menos que se trate de un Trastorno de Personalidad Múltiple. Se debe tener claro: no hay posibilidades que exista algo después de la muerte, somos mortales y lo de la inmortalidad del alma es una falacia. La vida es el paso de la nada hacia la nada, de la oscuridad hacia la oscuridad.

Lo peor de todo es que millones de vidas se han perdido defendiendo las anteriores mentiras, simplemente porque los teólogos inventaron una palabra  para resolver aquellas incongruencias: la fe. Se debe creer en tales disparates porque las religiones son  dogmas. Estas encierran sentencias o pensamientos que se tienen por ciertos y no pueden ponerse en duda; es decir, se cree por decreto, no hay posibilidad de discusión. Según juzgo, por mi oficio de docente, que se debe aprender algo, o para un fin práctico, o para completar nuestros conocimientos, no pienso que de aquellas mentiras se logre un aprendizaje positivo, a menos que no sea sentir el temor a un Dios inclemente y vengativo.

No confío que nadie tenga una estadística de todos los seres humanos muertos por las guerras consecuencia de discrepancias religiosas entre los pueblos, doctrinas impuestas por los teólogos y guerreros. A manera de ejemplo, las Cruzadas que duraron 196 años entre los siglos XI y XIII, bajo la excusa de recuperar los lugares santos, cuando en verdad la única razón era la de robarle la tierra a los hijos de Alá, tal como ocurre hoy en día. Imposible dejar de lado las guerras entre católicos y protestantes, judíos y cristianos, budistas y cristianos, coptos y musulmanes,  entre tantas desgracias para defender mentiras, solo para que los frailes, obispos, rabinos, imanes, monjes, pastores, lamas y teólogos reciban grandes benéficos.

Durante los siglos se presentaron diferencias insalvables entre la religión y la ciencia, entre la sinrazón y la razón, sin embargo ninguna de las dos son capaces de explicar de dónde venimos, para qué vinimos y hacia dónde vamos. Pasado los siglos, tengo la certeza que ni la religión ni la ciencia se han preocupado para forjar la cultura, el progreso en el buen sentido, la solidaridad humana, alcanzar el bien común, la búsqueda de la verdad y la justicia en la tierra, de procurar mejor la vida de los pueblos para que los que nos sucedan encuentren un mundo mejor; de servir a mejores destino, sin preocuparnos del fin de cada uno de nosotros. Pareciera que en estos aspectos, tanto la fe como la ciencia han fracasado rotundamente. Quizás por esto el escritor puertorriqueño Ismael Leandry Vega sentenció: “Todas las malditas religiones, una más que otras, son un atentado en contra: de la creatividad humana; del desarrollo de una mente racional y científica; de la maravilla de pensar profunda y racionalmente”. Lee que algo queda.                             

         

 

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