Las secuelas del capitalismo

Secuela es  resultado o la consecuencia de una acción o también los trastornos o dificultades saldo de una gestión. A raíz de la implementación de la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII, con la aparición de la máquina a vapor, se originó en el mundo una transformación económica, social y tecnológica. Fue el fin del feudalismo, el final de una sociedad sustentada en la agricultura y el comercio, para dar paso a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.

No cabe duda, un cambio tan radical de una sociedad, con la muerte de feudalismo, nace un nuevo modelo político el cual será el encargado de generar los cambios necesarios, entre estos la aparición de la clase obrera, el proletariado; el trabajo asalariado; la producción en masa; como resultado de lo anterior, el consumismo de masas; la alta tasas de beneficios y el nivel de enriquecimiento de la clase dominante; la cohesión de una sociedad de clase asegurada por el poder militar; la relación social de explotación; la dominación en el área social-política-económica del nuevo modelo político llamado capitalismo, el cual será llevado a cabo por los favorecidos, los llamado capitalistas, los dueños del dinero, es decir la oligarquía del dinero. Eliminadas las viejas monarquías surge un modelo de gobierno para llevar a cabo las aspiraciones del capitalista: la democracia representativa. Era de esperar, con la aparición del capitalismo surge también la revolución, porque tal como afirmó Aristóteles, “la revoluciones populares llegan cuando unos son demasiados ricos y otros demasiado pobres”. Son aquellas las que se colocan del lado de los intereses del Pueblo, contra las oligarquías extravagantes, las cuales se acostumbrarán a conseguir grandes ganancias a costa del trabajo de los obreros, verdaderos generadores de los réditos de los dueños de la empresas.  

Evidentemente, con la llegada de capitalismo se generan grandes cambios en el mundo, son los oligarcas financieros, al lado de sus políticos monopolistas quienes decidirán sobre la vida social en todo el mundo. Esta pequeña minoría tiene el poder en sus mano, mientras en la realidad centenares de millones se seres humanos mantienen la producción internacionalizada que le garantice la vida social de los capitalistas. La nueva organización de la producción internacional introdujo una nueva fase del desarrollo del sistema imperialista mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial, lo que anteriormente era competencia de diversas potencias imperialistas fue reemplazado, en gran medida, por la idea de un poder único que las sobredetermina a todas, estructurándolas de un modo unitario, y tratándolas con una noción común del derecho que es, decididamente poscolonial y posimperialista. Germina así EEUU en sus pretensiones de ejercer una hegemonía económica, política y militar sobre el planeta.

Sin embargo la imposición del modelo capitalista en el mundo no se hace por la vía del convencimiento. Los dueños del capital no se andan con remilgos, germina así la explotación y la opresión neocolonial: chantaje económico, intromisión diplomática, espionaje, terrorismo, sabotaje, golpes de estado hasta el derrocamiento de los gobiernos, hacerlos dependientes mediante programas de entrenamiento militar y ventas de armas, de igual modo la invasión mediante una intervención militar violenta. Esto forma parte del instrumental del domino neocolonial.

El nuevo modelo capitalista-imperialista centra su acción en el dinero, el nuevo icono de la sociedad y deja de lado el desarrollo humano, como: la esperanza de vida al nacer, el acceso a los servicios sanitarios, la tasa de pobreza, la tasa de desempleo (paro), la tasa de analfabetismo, la seguridad alimenticia, la disponibilidad de agua potable, los derechos civiles, el grado de igualdad entre los sexos, el derecho a la vivienda. En los países donde está presente el capitalismo es notoria la diferencia de clases, aunque en dichas naciones vivan inmersos en un bienestar ostentoso es palmaria la existencia de una pobreza extrema: nómadas sin casa fijas, emigrantes del tercer mundo, enfermos mentales abandonados a su propia suerte, mendigos, pensión insuficiente y subempleados. Lo que se hace evidente que la pobreza está estrechamente ligada a la injusticia y la iniquidad social. Teniendo presente que la responsabilidad directa de la pobreza y del empobrecimiento progresivo de la sociedad recae sobre los propietarios de tierras, comerciantes, empresarios, banqueros, es decir los amos del dinero.

No cabe duda que el modelo capitalista basa  el concepto de desarrollo en el aumento de la producción destinada al mercado, es decir a la venta. Se trata en este caso de una economía dominada por especuladores que buscan solo el beneficio inmediato, donde la producción y la exportación se apoya sobre las espaldas de obreros y campesinos mal pagados, e incluso, despojándolos de los medios de subsistencia. Es por esta razón que el sistema capitalista exalta la acumulación y expansión económica hasta el punto de que los países más industrializados siguen midiendo el estado de salud de sus economías, no por la calidad de vida de los habitantes, sino con base al  crecimiento anual de la producción, del ahorro y las inversiones, es el llamado PIB.

Indudablemente que el único proveedor de materia prima para las industrias capitalistas es la Madre Tierra y para los capitalistas no hay límite para el aprovechamiento y la ganancia. Esto genera una sobre explotación de los recursos y como consecuencia, los colosales deterioros ecológicos que han ocasionado en algunos países y a escala global, tales como la perforación de la capa de ozono, cambios climáticos nocivos, la contaminación de las fuentes de agua dulce y salada, la radiactividad, las lluvias ácidas, la desertificación de los bosques, reduciendo la posibilidad de desarrollo de otras naciones. Me estoy refiriendo a la destrucción criminal del ecosistema por obra del poder monopólico trasnacional: petrolero, automotor, minero, agroquímico y fabricantes de armas.  

Todo lo anterior, condensada hoy en la llamada política neoliberal, han llevado a los países capitalista a que estos, situados en el Norte, se parezcan mucho a los del Sur en materia de desempleo, corrupción, empobrecimiento, estancamiento de la economía, efervescencia social, conflictos nacionales, terrorismo, guerra, narco economías, racismo. Es innegable que el capitalismo posee lo medios para manipular y mantener este modelo político. Para esto cuenta con los medios de comunicación al servicio de los dueños del dinero, que hacen creer que toda sociedad es la expresión ideológica de los intereses de la clase dominante, lo cual se puede revertir con un nuevo modelo cuyo ejercicio se centre el ser humano y no el dinero.

Para finalizar, los capitalistas para mantener este estado de cosas necesita de la guerra, dada que esta es una de la fuente para la obtención de enormes ganancia. Para esto es indispensable vender armas, por lo tanto, son necesarias las conflagraciones. Con las guerras perpetuas se benefician la industria fabricante de armas, los vendedores de los artilugios mortales, los bancos, los políticos, los miembros del Pentágono y la OTAN, los científicos, las fábricas de uniformes, calzado, medias, lentes, cascos, alimentos que llevan de EEUU al lugar del conflicto, las constructoras que reconstruirán las ciudades destruidas por la bombas, los fabricantes de aviones y drones…Por eso es indispensable mantener las guerras como una fuente de ganancias del capitalismo.

Para el capitalismo ni los muertos, ni las ciudades destruidas, tampoco la cultura arrasada tienen importancia, es por esto que es lamentable espectáculo de la  capitulación que están mostrando EEUU y la OTAN en Afganistán durante la caótica desbandada. Más de 150.000 afganos murieron consecuencia de la invasión y bombardeo imperialista, víctimas sin nombre ni apellidos y más de 3.500 soldados de la coalición, tratados como “héroes” y millones de dólares perdidos.  En verdad, no se desaprovecharon dos mil millones de dólares, dado que de este dinero manchado con la sangre de los afganos, de algunos jóvenes soldados europeos y norteamericanos se beneficiaron muchos personajes de la industria y la política de EEUU y de la UE. Lastimosamente, los contribuyentes de esos países nunca sabrán como invirtieron sus impuestos y los nombres de los personajes que se beneficiaron con el patrimonio que ellos pagaron como una carga para financiar la muerte de otros. Razón tuvo el abogado y político estadounidense Charles Evan Hughes: “La guerra debía ser un crimen y los que la instigan deberían ser castigados como criminales”. Lee que algo queda.         

                                   

 

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