La vida no es bella
La vida no es bella
“La vida es bella” es una película italiana dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, estrenada en 1997, la cual narra las vicisitudes del dueño de una librería para proteger a un niño de las tropas nazis durante la invasión a Italia. A pesar de las adversidades y la crueldad de la guerra el film tiene un final feliz para el chico, quien al concluir la conflagración logra salvar su vida. Quizás por tal motivo el director denominó la cinta con aquel cartel, lo cual le valió un gran éxito y algunos premios.
Ciertamente, el nombre de la película parece que cautivó a los cinéfilos el cual se correspondió con el final. Sin embargo soy de opinión que la vida dista mucho de ser bella, yo diría que la vida es fea y cruel, desde el mismo momento que se nace para morir. Además, debo añadir las incidencias por las que tienen que pasar los humanos durante su estadía en la tierra. En la vida real, en oportunidades, la existencia comienza mal y termina mal, no ocurre como en la película aludida.
Se debe tener presente que la vida no es un milagro ni una obra de Dios, es un acontecimiento estrictamente bioquímico, producto de la unión de espermatozoide y un óvulo. Una vez salido a luz el neonato, se debe agregar dos nuevos ingredientes que afectan la existencia de los seres humanos, como son el físico y el social, los cuales también determinarán su carácter. La presencia o la carencia de agentes químicos en la sangre, como iones y minerales, incidirán en el ADN mitocondrial y como consecuencia en la genética del neonato, lo cual determinará la salud futura del recién dado a luz.
No siempre la genética es favorable al neonato. Por desgracia, en sus genes podrán aparecer los rasgos de una enfermedad hereditaria trasmitida por los padres, también, se podrá descubrir en la sangre del niño resto de alguna droga que consumió algunos de sus progenitores que a la larga, cuando adulto, podrá convertirlo en un adicto. Así es de sombrío el comienzo.
Lo que viene después es de pavor. El niño llega a un mundo al cual no fue invitado y lo recibirá una familia que podría ser o no de su gusto. Del mismo modo, se encontrará con unos padres que no están preparados para el ejercicio, ni de la paternidad ni de la maternidad. Tales progenitores le transferirán al niño sus vicios y virtudes, estas últimas, las que ellos consideran positivo para la época en que viven. De igual modo, lo obligarán a compartir con unos hermanos que podrían ser o no de su agrado.
A partir de allí surgen nuevos problemas, como es el de las imposiciones: primero le colocan el nombre que lo deciden personas ajenas a quien va llevarlo, le sigue la comida. Así comienza otros de los grandes infortunios de los críos: unas personas carentes de elementales nociones de trofología, es decir conocimientos de nutrición, someterán al niño a una alimentación deficiente, desprovista de valores nutricionales. A esto le agrego la imposición de una religión que marcará de por vida al niño, por la adhesión y la práctica de una fe que solo le incumbe a los padres y que redundará en el futuro del chico en los miedos, los prejuicios y los temores de su psiquis. Si pensamos que el niño no sufre de algún mal genético heredado de los padres, o de obesidad o anemia o desnutrición por la mala alimentación, podrá ingresar a una escuela que no le servirá para nada, donde pasará más de once años y no aprenderá algo que le sirva para un desempeño. En tales recintos tendrá que soportar las desorientaciones de los maestros y profesores quienes poseen una carga emocional consecuencia del mal salario, de sus matrimonios inestables y de otros aspectos que afectan su desempeño profesional que perturbarán la instrucción del estudiante.
Ciertamente, el niño no arriba a un paraíso terrenal, el pobre aterriza en un planeta enfermo, un sitio maltratado por los seres que viven en la Tierra y de la Tierra, sin embrago están empeñados en destruirla. Cuando el joven crezca tendrá que desaprender, se dará cuenta que lo aprendido en el hogar y en la escuela no le sirvió para pasar toda su existencia en un mundo cuyo aire está parcialmente contaminado; donde las aguas de los mares, ríos y lagos están infectados. Así mismo, los bosques están desapareciendo debido a la tala industrial, que los terrenos fértiles para cultivar alimentos están desapareciendo. Además, el calentamiento global, consecuencia del mal entendido progreso desmedido, está generando una catástrofe climática. Agregado a lo anterior, la pobreza, el hambre, la mortandad infantil, el racismo, los desplazados por las guerras y las sanciones, la sobrepoblación mundial que causa la acumulación de montañas de basura que corrompen el aire, a todo lo anterior debo agregar la industrialización incontrolada que amenaza la existencia del planeta.
Como vemos, la vida en la Tierra no es bella, porque además de todo lo anterior debo agregar a los complejas fábricas de armas. Sus ejecutivos, unos canalla quienes constantemente instan a los países a pelearse entre si para vender artilugios de la muerte. De igual modo, asiduamente los habitantes del planeta viven bajo la amenaza de una guerra nuclear que podría acabar con buena parte de la Tierra. Lamentablemente, después de este cataclismo lo que subsistiría no sería más que escombros y desolación que podría confundirse con el yermo planeta Marte. Un lúgubre lugar donde quienes quedaran vivos envidiarían a los que murieron.
Es notorio como los gobernantes de los países más industrializados y más ricos intentan apoderarse las riquezas de los estados más débiles económicamente y carentes de bombas mortales como las nucleares y armas de destrucción masiva. Es por estas razones que constantemente se producen amenazas, invasiones o también sanciones y bloqueos económicos, de los países ricos, para someter a castigos a las poblaciones no sumisas. ¿Quién afirmó que la vida es bella?
La vida no es bella porque quienes se salvan de morir jóvenes de una enfermedad genética, o fallecer por problemas de salud debido a la mala alimentación o por consumir alimentos industrializados de bajo contenido nutricional, o caer en el mundo de las drogas, deberán subsistir bajo la perenne amenaza de una guerra nuclear o de una pandemia originada por los padecimientos de un planeta enfermo. Un lugar que cada día se deteriora más debido a la mala praxis que hacen los avaros industriales. Usureros, quienes miran la naturaleza, no como un lugar donde podrían convivir felices todos los habitantes del planeta, sino como un filón para exfoliar materia prima de los bosques, mares, ríos, montañas y del subsuelo para así aumentar sus capitales.
¿Qué derecho tiene una pareja para traer a un niño a vivir en un planeta en extinción? La vida que deberá enfrentar no tendrá un final feliz como en las películas. El joven cuando llegue adulto su preocupación fundamental será la ganar dinero para poder medio vivir en un mundo que los malos construyeron para que ellos y sus familias disfruten con un confort fastuoso, ostentando riquezas como para viajar por el universo en una nave espacial para hacer turismo celestial. Quienes hemos vivido lo suficiente nos damos cuenta cómo agentes externos nos complican la vida que nos hace pensar en lo embarazoso de nuestra existencia. Razón tuvo el filósofo chino Confucio: “La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada”. Lee que algo queda.
Comentarios
Publicar un comentario