La crueldad imperial
En los anales de la historia
el mundo ha marchado de forma funesta porque aquel los conformaron los malos y
para llevar a cabo las maldades se agruparon en imperios. Entendiéndose por
este la organización política de un estado que extiende su dominio a otros
pueblos, que en general tiene el poder centrado en un emperador. Además,
mantiene una expansión constante mientras no haya presiones externas o internas
de algún tipo, por ejemplo la económica,
que lo impida.
Los libros de historia nos
refieren diferentes imperios los cuales dominaron buena parte del mundo, tales
como el macedonio, persa, egipcio, japonés, mongol, romano, otomano, inca, maya, bizantino, español,
francés, austrohúngaro, carolingio, portugués,
alemán, ruso, entre tantos. La característica común de todos estos, fue el afán
expansionista y la crueldad de sus gobernantes.
Del término imperio deriva
“imperialismo”, el cual constituye las prácticas que abogan por el control de
un Estado a través del poder de otro Estado más “poderoso”, así como la
extensión de su autoridad a otros territorios. El imperialismo es una política
de expansión y de dominio territorial de una nación que oprime a otra, tal como
lo hicieron los egipcios, los hititas, los romanos, los macedonios, los persas,
los japoneses, los españoles, entre tantos.
La generalidad de los
imperios surgen por un proceso motivado por diversas razones, principalmente
económicas y estratégicas. Sus actuaciones arrojan, como consecuencia directa,
la explotación de millones de habitantes; el robo de las materias primas; el
despojo territorial que al final termina, tal como comenzó, es decir, con un
conflicto bélico con miles y miles de muertos; destrucción de los pueblos; la
erradicación de la cultura y como siempre ha ocurrido, el fin del imperio. No
existe ningún imperio que haya perdurado ni en la geografía y ni en el tiempo,
así le sucedió al imperio romano, persa, otomano, británico, francés y al
español, entre los que han dominado buena parte del planeta. La hegemonía de
estos finalizó como resultado del deseo de los pueblos de romper con el yugo
que los mantuvo oprimido por muchos años.
Durante el siglo XIX y
comienzo de XX se inició la decadencia y el fin de los imperios de los países
europeos, es decir, el español, portugués, alemán, austrohúngaro, belga, italiano, británico… los
cuales se originaron para despojar de las riquezas y explotar a los habitantes
de millones de habitantes de los países africanos, asiáticos y de Australia. Por
desgracia, el fin del imperialismo en estas zonas derivó en conflictos bélicos
con millones de muertos, pueblos completamente destruidos y economía
empobrecidas dependientes de sus antiguos opresores.
A raíz de la segunda guerra
mundial, como consecuencia de una Europa parcialmente destruida y una economía
arruinada surge un nuevo imperio, el de EEUU el cual heredó las antiguas
prácticas imperialistas de las vetustas supremacías y las recién aniquiladas.
Agregándoles a esas prácticas imperialistas las de su propia cosecha, como es
la presencia militar de USA en todo el mundo mediante el establecimiento de
bases militares, la fundación de organismo internacionales tanto políticos como
económicos como la ONU, la OEA, el BM, la OMC, el BID, el FMI, OCDE y otros,
cuya función es controlar el sistema mundial político, financiero y económico. Conjuntamente,
de un poder militar planetario como la OTAN, los cascos azules de la ONU, las
OSCE (Organización Para la Seguridad y Cooperación Europea), El Comando Sur, la
DEA, entre otras, las cuales les permiten intervenir en cualquier conflicto bélico
del planeta.
La influencia de EEUU en el
panorama político-económico-financiero-militar es notoria y es responsable de
las peores catástrofes y acciones militares, tanto en el siglo XX y lo que va
del XXI. No hay conflicto bélico en el mundo donde EEUU no tenga las manos
metidas y es lógico, dado que es la CIA la que los propicia. Son numerosas las
guerras o invasiones en la que USA ha estado y está involucrada, por ejemplo en
Corea, Panamá, República Dominicana, Chile, Granada, Nicaragua, Somalia, Haití,
Yugoslavia, Bolivia, Líbano, Venezuela,
Vietnam, Irak, Siria, Libia, Colombia, Yemen, Níger y Afganistán.
No cabe duda, la
intervención de USA en cada uno de esos conflictos ha sido desastrosa para el
país intervenido o atacado, lo cual se traduce en muertes, desolación, robo,
violaciones de jóvenes y niñas, comercio de drogas, muertos tanto de jóvenes
norteamericanos como de los habitantes del país arrasado. Además, la destrucción
de patrimonios culturales y enormes beneficios para las criminales
corporaciones fabricantes de armas.
El mundo se sorprendió y se
conmovió con la guerra de Vietnam y no habíamos acabado de asombrarnos cuando después de 20 años de guerra contra el
pueblo afgano, observamos con estupor como las miserables tropas
norteamericanas abandonan de la forma más ignominiosa y derrotadas las tierras
que fueron asoladas por las bombas del gobierno de USA. Dos mil millones de
dólares de los contribuyentes estadounidenses fueron dilapidados sin lograr ningún
objetivo, dado que los talibanes, el engendro creado por el gobierno de EEUU,
ocupan hoy el poder, tal como comenzó la guerra. El resultado de esta nefasta gesta,
en alianza con la OTAN, fue más de 300.000 afganos muertos, al igual que 3.400
soldados de la coalición internacional, ciudades destruidas, una economía
arruinada, fractura de la sociedad, huérfanos, viudas, miles hombres, mujeres y
niños incorporados a las masas de refugiados condenados a buscar en otras
tierras una mejor vida. ¿Cuántos problemas se hubiesen resueltos en Afganistán
si los dos mil millones de dólares se hubiesen utilizados para remediar las
dificultades de ese pueblo?
Es bueno tener presente que
lo anterior descrito es la forma de actuar el imperialismo. Los imperios no se
instauran para resolver las dificultades del pueblo sojuzgado, más bien para
enriquecer a la élite del 1 % que acumula el 82 % de las riquezas mundial,
según cifras de la Oxfam (Organización confederada de 20 organizaciones
benéficas independientes fundada en 1942). Por eso es buen siempre recordar al
dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht: “...entonces ¿de qué sirve decir la
verdad sobre el fascismo que se condena sino se dice nada sobre el capitalismo
que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad
práctica”. Lee que algo queda.
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