¡Viva la estupidez!

                                              ¡Viva la estupidez!

Ciertamente, uno de los desacertados aportes de la globalización a la humanidad es la masificación de la estupidez, tal comportamiento ya no es localizado ni es patrimonio de un solo país. Pero esto no es circunstancial, ni algo que se produce al azar, para esto existe una maquinaria especializada, como la televisión, las películas de Hollywood y a los anteriores, se ha incorporado la moderna tecnología del Internet, con sus diversas redes sociales, por ejemplo el Face Book. Un ejemplo  palmario de esta conducta es el pueblo estadounidense, al cual, durante muchas temporadas del año lo mantienen aletargado mirando el béisbol, el básquet, el Súper Bowl, el golf, el tenis, entre tantos de los entretenimientos que obligan a los hombres, mujeres y niños a frecuentar los estadios.  O bien, alelado frene a un televisor tomando cerveza, sumido en una crasa ignorancia, desconociendo lo que sucede en su propio país con más de cuarenta millones de pobres y mucho menos, lo que ocurre más allá de sus fronteras. Es que en USA los entretenimientos sobran, tanto para los caballeros como para las damas. A las féminas se les ofrece el disfrute de la entrega de los premios como el Óscar, como si esto tuviera relevancia en el ámbito internacional, además, de otros galardones para laurear cualquier cosa, con tal de mostrar a una cuerda de ineptos caminar por encima de una alfombra roja y decir una sarta de estupideces. Los niños también tienen su pasatiempo, para ellos se inventan numerosos juegos electrónicos que los hipnotizan, sentados durante horas frente a un computador o  con un artilugio electrónico manual que los entontece. Por todo esto es fácil explicar que a los hijos de Tío Sam se les puede vender un candidato presidencial tal como si fuese un producto de consumo masivo.  A los televidentes de los EEUU les encanta un súper héroe como Súper Man, Batman, Aquaman, la Mujer Maravilla quien lleva por fuera unas bragas con los colores y las estrellas de la bandera de USA… Todos ellos tienen algo en común: son defensores de la libertad y la democracia de los pueblos del mundo. A tal grado de estupidez llega una gran parte del pueblo estadounidense que un film de Batman fue una película  taquillera en un momento.   

   La vida de muchos televidentes, para muchos, es la que le muestra la televisión y las películas de  Hollywood. Por esta razón, en EEUU el candidato ganador es aquel que tiene  la mejor mejor estrategia publicitaria en una campaña electoral, bien frente a las cámaras televisivas o bien,  durante las magnas intervenciones públicas convertidas en verdaderos espectáculos.  Lo que la gente desconoce es que detrás de los candidatos, sea republicano o demócrata (es la misma cosa), hay grandes corporaciones económicas que una vez que triunfe alguno, sabrán cobrar los beneficios de los aportes a tales cruzadas. El pueblo de los Estados Unidos son inducidos y seducidos a votar por un agente de los intereses de grandes transnacionales, vendido, a través de la publicidad, como un ser preocupado por  los males de la población y del planeta. Al igual como los telepensantes, quienes se identifican con uno de los súper héroes, así se hará con el candidato mejor vendido por la publicidad.

   La globalización permite que tales estrategias llegue a todo el mundo y por eso los chilenos pensaran que un empresario como Sebastián Piñera o Macri en Argentina, podían resolverles el problema a los pobres. Algo similar  ocurre en Europa, donde, durante todo el año, sus habitantes se entretienen con los juegos de fútbol de diversas copas. Los europeos se debaten en cada período de elecciones entre el socialista (supuestamente de izquierda) y el representante de la derecha. Al final, los grandes favorecidas, sea uno o el otro el que gane, son las nefastas corporaciones económicas. Al pueblo votante, después del triunfo del candidato, lo que le queda es pagar más impuesto, recorte del gasto público (menos salud y menos educación), congelación de salarios, aumento de la edad para la jubilación, en otras palabras, las imposiciones del FMI en beneficio de las transnacionales financieras. Pasado el tiempo los sufragantes, tristemente, descubrirán que el candidato vendido por la publicidad a través de la televisión no se corresponde con la actuación del presidente anhelado.  Habrá que preguntárselo a los españoles, portugueses, griegos, italianos…. quienes dentro de poco los indignados se transformarán en unos  energúmenos. 

La estupidez sigue reinado en todo el planeta y lo más triste, es que ellos se siente felices. Lamentablemente la  razón no se hizo para los tontos.  

 

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