La madre tierra
La
Madre Tierra
Cierta vez me
encontraba en el parque Miranda descansando de mis actividades rutinarias
buscando mi tranquilidad en la grandiosidad de la sabia naturaleza. Por fortuna
llegué muy temprano y el ambiente era bastante solitario…algo silvestre. Se
escuchaban una bandada de guacamayas retornando de algún lugar de la
ciudad, sus graznidos me llenaron de
gozo, así como el canto de otras aves que anunciaban un alba acogedora. Me hallaba
sentado disfrutando de los agradables aromas y las llamativas tonalidades de la
flora del inmenso jardín de recreo. Mientras me regocijaba del estado de
éxtasis la voz de una niña interrumpió mi embeleso.
– Buenos días señor, me llamo Angélica,
perdóneme que le interrumpa su tranquilidad ¿Me permite una pregunta?
Me sorprendió la inesperada perturbación de
mi reposo por parte de una linda niña de uno diez años. Cuando miré los hermosos
ojos negros de Angélica y por su avidez marcada en el rostro por recibir mi
consentimiento, no me quedó más que acceder. Después de mi gesto de aprobación
con una sonrisa, esperé la pregunta.
– Señor dígame la razón del uso término la
Madre Tierra y no el de Padre Tierra.
Aguardé un momento para buscar en mi mente
una respuesta adecuada que subsanara la duda de la niña. Después de escuchar el
encantador canto de un Cristofué, respondí:
– Por lo general, en el reino animal las
hembras son las encargadas de velar por la alimentación de sus cachorros.
Primero entregándoles la leche proveniente de sus pechos y luego los enseña a
cazar, como en el caso de los leones y los tigres, hasta que puedan valerse por
sí mismo. Así mismo ocurre con los humanos, las madres se encargan de la alimentación
de los niños desde bebé, luego les dan de comer con sus manos hasta que estén
más crecidos y puedan hacerlo por su propia cuenta. Quizás de allí viene el
término la Madre Tierra, de la cual provienen todos los alimentos que nos
sustenta para vivir y crecer en armonía.
La niña se mantuvo silente durante un tiempo
y luego me planteó una nueva interrogante.
– ¿Y desde cuando la Madre Tierra está
alimentado a los seres humanos?
Una bandada de pericos de color verde intenso
engalanó el cielo e interrumpió la paz pastoril del parque, tiempo que
aproveché para buscar la respuesta a la incógnita.
– El hombre apareció en nuestro planeta
hace más o menos 200 mil años, una vez que el humano caminó sobre la Tierra se
alimentaba de la caza de animales y de la pesca. Cuando observó a ciertos
animales y aves comer el fruto de los árboles amplió su menú. Pasado miles de
años los hombres primitivos descubrieron la agricultura y se hicieron sedentarios, consiguiendo parte de sus alimentos de los productos provenientes
de la siembra y también de la caza.
– Pero mi mamá también nos compra ropa
y nos ofrece un techo para protegernos
de la intemperie.
Angélica parecía interesare de nuestro
diálogo, armonizado con los trinos de las bandadas de pájaros que de vez en
cuando pasaban por el cielo azul que abovedaba el parque.
– Ciertamente, la Madre Tierra no te compra
la ropa, pero hace miles de años le suministró a los niños, adultos y ancianos
pieles de animales para su abrigo. Además, la sabia naturaleza le entregó y
todavía hoy le entrega a los humanos madera, roca y arena para constituir sus
casas. Por fortuna, ya no es necesario cazar animales para quitarle la piel,
actualmente existen ciertas plantas que proveen
fibras para confeccionar ropas y además, materiales sintéticos para fabricar
zapatos, chaquetas y maletas. Hasta los excrementos de los elefantes, camellos
y búfalos sirven de combustible y para construir casas. Todo eso extraído de la
madre naturaleza o la Madre Tierra.
La
atención de la niña no disminuía y parecía interesante la preocupación
de Angélica por el contaminado planeta.
– Señor, de su conversación deduzco que los
humanos debemos estar agradecido por los elementos que nos provee la Madre
Tierra o la naturaleza.
– Fíjate bien, la Tierra subsistió en el Universo durante miles
de millones de años sin la presencia de los seres humanos, pero los humanos
nunca podrán vivir sin este planeta. Los antiguos incas llamaban a la Madre Tierra
la “Pacha Mama” a la cual, actualmente, los herederos de aquellos pueblos
originaros veneran con devoción.
Supuse que Angélica estaba por partir, dado
que se levantó del asiento y antes de despedirse comentó:
–
Señor, ahora comprendo, nuestra
obligación de preservar los bosques, los ríos, los mares, la flora y la fauna de
la Pacha Mama, hasta el aire que
respiramos deberíamos mantenerlo puro. Sin
sus bondades la generación que viene después de nosotros no tendrá donde
vivir.
Angélica me dio un beso en la mejilla en
agradecimiento por responder a sus inquietudes. Una nueva bandada de pericos
pasó por el lugar como para despedirla del parque con una sonora algarabía. Por
suerte, un sol resplandeciente iluminaba el parque Miranda que me calentaba mis
gastados huesos. Así permanecí durante un rato pensando en Angélica y el futuro
de la humanidad.
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